dijous, 15 de febrer de 2018

Acompanyant des de l'atenció de qualitat!!!

Des de La Llavor sempre intentem posar consciència en allò que fem, allò que oferim, com ho oferim i amb quin sentit ho oferim. Ser conscients de les necessitats dels infants ens ajuda a saber com acompanyar-los i quina és la seva demanda de nosaltres. Avui volem posar llum sobre una problemàtica que cada cop és més acusada: la sobreestimulació dels infants!!! Esperem que l'article que us oferim us doni recursos per oferir un acompanyament amb una alta atenció de qualitat!!! 
 

Hay una tragedia silenciosa que se está desarrollando hoy por hoy en nuestros hogares, y concierne a nuestras más preciosas joyas: nuestros hijos. ¡Nuestros hijos están en un estado emocional devastador! En los últimos 15 años, los investigadores nos han regalado estadísticas cada vez más alarmantes sobre un aumento agudo y constante de enfermedad mental infantil que ahora está alcanzando proporciones epidémicas:
 

Las estadísticas no mienten:
• 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental.
• Se ha notado un aumento del 43% en el TDAH.
• Se ha notado un aumento del 37% en la depresión adolescente.
• Se ha notado un aumento del 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años.

 
¿Qué es lo que está pasando y qué estamos haciendo mal?

Los niños de hoy están siendo sobre-estimulados y sobre-regalados de objetos materiales, pero están privados de los fundamentos de una infancia sana, tales como:

• Padres emocionalmente disponibles.
• Limites claramente definidos.
• Responsabilidades.
• Nutrición equilibrada y un sueño adecuado.
• Movimiento en general pero especialmente al aire libre.
• Juego creativo, interacción social, oportunidades de juego no estructurados y espacios para el aburrimiento.

 
En cambio, estos últimos años se ha llenado a los niños de:
• Padres distraídos digitalmente.
• Padres indulgentes y permisivos que dejan que los niños "gobiernen el mundo" y sean quienes pongan las reglas.
• Un sentido de derecho, de merecerlo todo sin ganárselo o ser responsable de obtenerlo.
• Sueño inadecuado y nutrición desequilibrada.
• Un estilo de vida sedentario.
• Estimulación sin fin, niñeras tecnológicas, gratificación instantánea y ausencia de momentos aburridos.
 

 
¿Qué hacer?
Si queremos que nuestros hijos sean individuos felices y saludables, tenemos que despertar y volver a lo básico. ¡Todavía es posible! Muchas familias ven mejoras inmediatas luego de semanas de implementar las siguientes recomendaciones:

• Establezca límites y recuerde que usted es el capitán del barco. Sus hijos se sentirán más seguros al saber que usted tiene el control del timón.
• Ofrezca a los niños un estilo de vida equilibrado lleno de lo que los niños NECESITAN, no sólo de lo que QUIEREN. No tenga miedo de decir "no" a sus hijos si lo que quieren no es lo que necesitan.
• Proporcione alimentos nutritivos y limite la comida chatarra.
• Pase por lo menos una hora al día al aire libre haciendo actividades como: ciclismo, caminata, pesca, observación de aves/insectos.
• Disfrute de una cena familiar diaria sin teléfonos inteligentes o tecnología que los distraiga.
• Jueguen juegos de mesa como familia o si los niños son muy chiquitos para juegos de mesa, déjese llevar por sus intereses y permita que sean ellos quienes manden en el juego.
• Involucre a sus hijos en alguna tarea o quehacer del hogar de acuerdo a su edad (doblar la ropa, ordenar los juguetes, colgar la ropa, desembalar los víveres, poner la mesa, dar de comer al perro etc.).
• Implemente una rutina de sueño consistente para asegurar que su hijo duerma lo suficiente. Los horarios serán aún más importantes para los niños de edad escolar.
• Enseñar responsabilidad e independencia. No los proteja en exceso contra toda frustración o toda equivocación. Equivocarse les ayudará a desarrollar resiliencia y aprenderán a superar los desafíos de la vida.
• No cargue la mochila de sus hijos, no lleve sus mochilas, no les lleve la tarea que se olvidaron, no les pele los plátanos ni les pele las naranjas si lo pueden hacer por sí solos (4-5 años). En vez de darles el pez, enséñeles a pescar.
• Enséñeles a esperar y a retrasar la gratificación.
• Proporcione oportunidades para el "aburrimiento", ya que el aburrimiento es el momento en que la creatividad despierta. No se sienta responsable de mantener siempre a los niños entretenidos.
• No use la tecnología como una cura para el aburrimiento, ni lo ofrezca al primer segundo de inactividad.
• Evite el uso de la tecnología durante las comidas, en automóviles, restaurantes, centros comerciales. Utilice estos momentos como oportunidades para socializar entrenando así a los cerebros a saber funcionar cuando estén en modo: "aburrimiento".
• Ayúdeles a crear un "frasco del aburrimiento" con ideas de actividades para cuando están aburridos.
• Esté emocionalmente disponible para conectarse con los niños y enseñarles auto-regulación y habilidades sociales.
• Apague los teléfonos por la noche cuando los niños tengan que ir a la cama para evitar la distracción digital.
• Conviértase en un regulador o entrenador emocional de sus hijos. Enséñeles a reconocer y a gestionar sus propias frustraciones e ira.
• Enséñeles a saludar, a tomar turnos, a compartir sin quedarse sin nada, a decir gracias y por favor, a reconocer el error y disculparse (no los obligue), sea modelo de todos esos valores que inculca.
• Conéctese emocionalmente: sonría, abrace, bese, cosquillee, lea, baile, salte, juegue o gatee con ellos.

Si vols veure l'article original ho pots fer clicant aquí!!!

 

dijous, 8 de febrer de 2018

Frustració: evitar-la o gestionar-la?

 El món de les emocions és present cada dia en el projecte de La Llavor!!! Des del nostre paper d'acompanyants sempre intentem acceptar, sense jutjar, totes les emocions que tenen els petits i els adults. Reconèixer què passa, què sentim, posar-hi nom i donar-li una sortida vàlida és un gran objectiu de la nostra feina... Per això avui compartim un article interessant d'Olga Carmona (piscoterapeuta de la infancia i l'adolescència)  sobre com gestionar la frustració!!!


De forma muy genérica, cuando hablamos de tolerancia a la frustración estamos definiendo la amarga sensación de impotencia, rabia y tristeza por no conseguir aquello que deseábamos. La frustración es una emoción percibida como negativa cuando no se llega a cumplir un proyecto, una ilusión, un deseo.

Los niños, especialmente los más pequeños, tienen conductas que son consideradas por los adultos como egoístas o egocéntricas. Y, efectivamente, así es, sin embargo, es necesario quitarle a esa forma de comportarse la connotación social o el juicio peyorativo que nosotros ponemos. Este forma parte del desarrollo normal del ser humano que va alcanzando progresivamente mayores niveles de madurez neurológica, tanto a nivel motriz como intelectual o cognitivo. Entre los tres y los seis años, los niños se consideran el centro del mundo, los demás no existen. A esta edad la capacidad empática es aún un proceso muy precario e indefinido y no es hasta los seis años cuando se inicia la etapa de la empatía cognoscitiva o la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva del otro, que alcanzará su madurez definitiva en torno a los 10-12 años con la empatía abstracta o social.


Saber esto ayuda a entender la razón por la cual los niños pequeños se comportan de forma narcisista. Ahora bien, de la misma forma que nacemos programados para el lenguaje, pero necesitamos del entorno para producirlo, también necesitamos aprender a ser empáticos y a tolerar la frustración con ayuda de los demás. Con especial protagonismo de los padres que son los referentes fundamentales en edades tempranas.

En este sentido, resulta frecuente ver cómo hay una polarización en la forma de gestionar esta habilidad en los niños. Todos conocemos padres que opinan que a los niños se les debe evitar cualquier frustración, pues ya la vida se encargará de “hacerles sufrir”. También están los del lado opuesto que tienden a frustrar de forma intencional al niño en la creencia de que eso “confiere carácter” y así aprenderán a enfrentar la vida que es muy dura.
Es decir, infraprotección frente a sobreprotección.

En ese continuo habitamos la mayoría de padres, más cerca de uno u otro polo, dependiendo de la situación, del carácter del niño, de la forma en que fuimos educados, de nuestro estado de ánimo en ese momento, cansancio, etc. Es decir, sin una línea consistente de actuación en algo tan básico como es ayudar a nuestros hijos a manejar una de las habilidades emocionales más predictoras de éxito o de fracaso vital.

Algunos de los comportamientos típicos de niños que no han aprendido a gestionar la frustración son:
  • Agresividad: reaccionan de forma agresiva o con rabietas cuando sienten frustración.
  • Abandono de la tarea, no persisten.
  • Impaciencia e impulsividad.
  • Búsqueda de refuerzo o gratificación inmediata.
  • Demandan de forma exigente.
  • Pensamiento polar o radical, poca flexibilidad.
  • Intolerancia al error o al fracaso.
  • Dificultad para adaptarse a los cambios.
  • Ansiedad.
  • Inseguridad.

La vida frustra. Por ello es imprescindible tolerar la frustración y eso se aprende. Hay niños con tendencias de personalidad que estarán más predispuestos y otros más resistentes, pero esta es una aptitud, una habilidad que como tantas otras necesita modelaje y herramientas para ser incorporada.

No ser capaces de tolerar la frustración nos convertirá en adultos emocionalmente discapacitados, ineptos vitales. La vida va a traer frustraciones sí o sí, no siempre nos va a dar aquello que deseábamos incluso esforzándonos mucho. Esto es una realidad y no preparar a nuestros hijos para ello es debilitarles, es dejarles sin recursos de afrontamiento.

Y no se trata de forzar artificialmente las situaciones que producen frustración, ya que eso es innecesario, contraproducente y, en mi opinión, también algo sádico. Pero tampoco debemos evitarlas ni mucho menos, compensarlas. Se trata de aprovechar las frustraciones cotidianas, inherentes al hecho de vivir, como preciosas oportunidades de aprendizaje que, sin ellas, no podríamos hacer.

Nuestro papel como padres y educadores debe ser el del acompañamiento emocional en momentos donde la frustración aparece y duele, reconociendo y validando la emoción primero y ayudando a generar soluciones alternativas después. Pero debe ser el propio niño quien, sintiéndose comprendido y contenido, sea capaz de generar una solución alternativa. No debemos compensar nosotros lo que falló ya que evitaremos al niño la posibilidad de trabajar aptitudes esenciales como la paciencia, la aceptación, la solución de problemas, la demora del refuerzo y la creatividad.

 

Algunas ideas para ayudar a nuestros hijos a gestionar la

frustración:

  • Deja que haga aquello que puede hacer, aunque lo haga despacio y mal. Aunque se equivoque o no lo haga de la forma en que tú lo harías. Con ello estás capacitándole para vivir el error como algo positivo que nos indica cómo no hacer las cosas (luego es un camino, un faro) y estás desarrollando en él la percepción de logro y competencia personal, ambas pilares de una autoestima sólida y resistente a los reveses.
  • No compenses el error haciéndolo tú. Deja que lo vuelva a intentar e invítale a encontrar por sí mismo nuevas rutas para resolverlo. Permanece a su lado, tu papel es ofrecer contención y seguridad para que él encuentre su forma de hacer las cosas.
  • Sé referente. Los niños aprenden, sobre todo, por modelaje y nosotros somos los modelos a través de los cuales filtran la realidad y aprenden a estar en el mundo. Si tú vives el error como algo negativo, si abandonas la tarea cuando te frustras, si vives un revés cotidiano de forma agresiva, estás siendo incoherente con lo que pretendes transmitir. Revisa tu forma de afrontar el fracaso, la frustración y el error. Para educar hay que reeducarse.
  • No dejes que se enfrente a aquello para lo que aún no está listo. Hay situaciones que requieren la intervención de un adulto.
  • Ayúdale a canalizar la frustración de forma constructiva: es necesario que aprenda a identificarla, nombrarla y después encontrar una manera de desactivar la agresividad que pueda generar: sencillas técnicas de respiración diafragmática, el ejercicio físico intenso (correr, saltar, gritar…).
  • No minimices ni anules el llanto. Llorar es una respuesta necesaria, positiva y posterior a la agresividad que genera la frustración, por tanto, es un paso previo para neutralizar la impotencia y sentirnos más preparados para el aprendizaje posterior.
  • Sé empático de verdad. Escucha sus razones y trata de que hable sobre todo de emociones, de cómo se siente. Hablar de ello, es el principio de la aceptación y, por tanto, de empezar a encontrar sus propias maneras de resolverlo. Contar un suceso parecido que te ocurrió a ti cuando eras pequeño, suele ser percibido por el niño como que estás entendiendo realmente su situación dado que la viviste y en ese saberse comprendido hay un enorme camino recorrido.
  • La persistencia en la tarea no tiene que ser seguida ni insistente. Si el niño está intentando algo que no consigue y se frustra, puede ser bueno cambiar de actividad y volver a ello más tarde, cuando el ánimo haya cambiado. Negócialo con él previamente.
  • Dale la ayuda justa y cuando la pida. Es importante que aprendan también a pedir ayuda cuando sientan que la necesitan, pero no des más de lo que es necesario, dale solo aquello que le permita seguir por sí mismo. Los padres tendemos a hacerlo por ellos en la creencia de que les estamos ayudando, pero es una ayuda cortoplacista y que parchea una situación concreta en lugar de generar recursos adaptativos de personalidad a largo plazo.

En definitiva, no te preocupes demasiado por cuánto puedes hacer por tus hijos, sino por cuánto pueden hacer por sí mismos y cuánta solidez vital han construido, gracias a cómo fueron educados.


Si vols veure l'article original ho pots fer clicant aquí!

dimecres, 31 de gener de 2018

Caure!!!

A La Llavor podem gaudir de fer molta observació dels infants que en formen part. D'aquesta manera som testimonis del camí que van fent per desenvolupar-se, seguint la seva força interna que els impulsa a desenvolupar-se d'una manera global. De vegades hi ha jocs sorprenents, que ens poden preocupar si no entenem què hi ha al darrera. Una d'aquestes situacions sol passar amb el joc de deixar-se caure de manera intencionada. Per això avui us compartim aquest article del bloc Mirando des de tu altura, que explica el significat d'aquest joc! 
 

Cuando un niño empieza a jugar a dejarse caer, pierde el control de sus movimientos dejando que el peso actue y sintiendo placer en vez de miedo. Esto es un indicador de maduración psicológica. El niño ha conquistado la verticalidad y además controla el desplazamiento sin perder el equilibrio.

Jugará a saltar en la colchoneta, tirarse al suelo, dejarse caer de culo, coger carrerilla, lanzarse o cualquier actividad motriz que implique dejarse caer…

¿Qué simboliza el placer de jugar a dejarse caer?

  • Seguridad en sí mismo.
  • Conquista de la verticalidad.
  • Posibilidad de poder estar separado de los papás. “Si me caigo, yo puedo levantarme solo, no te necesito, puedes irte”. Por lo tanto, una separación bien asumida.
  • Afirmación de sí mismo frente a los papás.

 

¿A qué edad pueden empezar a jugar a dejarse caer?

No hay una edad exacta, pero sí un momento evolutivo clave que suele ser a partir de los 18 meses. En el momento en el que estos niños se sienten seguros con el desplazamiento es cuando puede iniciarse el juego de la caida.

 

¿Qué sucede cuando un niño siente mucho miedo a la caida?

Hay peques que a la hora de desequilibrarse sienten mucho miedo y necesitan agarrarse a lo que tengan más cercano. Normalmente, suelen ser niños con una insuficiente representación de sí mismos que suele estar asociada a una inseguridad afectiva. Niños que no se han sentido bien protegidos o sostenidos con seguridad. Como por ejemplo, bebés que han sido dejados y levantados de la cuna con movimientos muy bruscos experimentando la sensación de caer el vacío constantemente. Y que más adelante puede manifestarse esta inseguridad caminando de puntillas para crear ese falso equilibrio.

¿Cómo podemos ayudar a estos niños a sobreponerse a sus miedos?

Aquí vuelvo a hacer hincapié en la importancia de una buena práctica psicomotriz educativa. Hace tiempo escribí un post ¿Porqué es la Psicomotricidad tan importante? donde os resumía en que consistía realmente la Psicomotricidad infantil y porqué era tan importante que se hiciera una buena práctica de ella en las escuelas.

A través de la práctica psicomotriz, mediante los llamados juegos de aseguración profunda, podemos ayudar a estos peques a superar estos miedos y adquirir una buena representación de sí mismos, ayudándoles en su desarrollo psicomotor (cuerpo-mente).

En uno de los próximos posts os hablaré de estos maravillos juegos de aseguración profunda y que son básicos para esta etapa de infantil. De momento, os dejo con este video de Leoncito jugando a saltar y dejarse caer.


Si vols llegir l'article original pots trobar-lo clicant aquí!

dijous, 25 de gener de 2018

Moure's en llibertat!!!

Sovint, durant les visites per conèixer el nostre projecte ens pregunten per la pedagogia que fem servir respecte el moviment lliure de l'infant. Per fer un primer tastet sobre el que és el moviment lliure que nosaltres defensem a La Llavor hem trobat aquestes imatges, que serveixen d'exemple i expliquen aquesta visió no intervencionista de l'adult que acompanya. Esperem aportar-vos més llum al respecte i que us pugueu deixar enamorar pels processos vitals que fan els vostres fills i filles.

 

dijous, 18 de gener de 2018

L'Espurna Latent!!!

Avui us deixem amb una preciosa frase, que ens ajuda a veure el nostre acompanyament als infants, des d'una perspectiva diferent. Proposa un canvi de visió sobre què és educar, donant a entendre que la saviesa de l'infant no ve de l'exterior, sinó del seu interior. Donar resposta a aquesta necessitat és el nostre esforç de cada dia!!!
"Educar no consisteix en omplir un got buit, sinó en encendre una espurna latent"
LAO TSÉ

dijous, 11 de gener de 2018

Fent camí!!!

En el nostre projecte, La Llavor, la nostra observació és la principal eina de treball per començar a acompanyar un infant. Saber com està cada infant, en quin nivell maduratiu es troba en cadascuna de les seves dimensions, quines són les seves característiques i punts forts, posar consciència en quins aspectes necessita un acompanyament més present per deixar anar tot el seu potencial i desenvolupar-se de manera integral i sana.... És per aquest motiu que, sovint, fem valoracions de com estan les nenes i nens que arriben al nostre espai. 

 

Des de l'arribada de les vacances d'hivern, cada matí els infants arriben molt contents i amb moltes ganes de jugar i explorar espais i joguines. Per aquest motiu, de seguida entren a l’estança i busquen aquell material que els crida l’atenció per iniciar el seu joc, en funció dels seus gustos i preferències. La veritat és que no sembla que hagin passat tants dies de festa, durant les vacances d'hivern, perquè ells i elles aviat recorden totes les rutines que han anat fent sempre a La Llavor i les continuen fent sense problemes. El ritme del dia a dia, els ajuda a situar-se en el temps i a l'espai, i això els dóna seguretat.

Tot i així, com que totes i tots els infants van creixent, valorem molt l'augment de la seva autonomia, a mesura que van sent més grans, i guanyen destreses i autoconsciència. De mica en mica, hem observat que passen de necessitar-nos perquè els fem gairebé tota la rutina, a que ens necessiten només perquè els acompanyem i ajudem donant-los alguna indicació quan ens ha fet falta. Així és com ells van agafant un paper més actiu, més protagonista a les seves vides i nosaltres fem un paper més secundari, deixant espai i temps perquè ho puguin fer per ells sols.

D’aquesta manera, poc a poc es senten més empoderats per autocuidar-se i el seu autoestima augmenta quan veuen que són capaços de: posar-se i treure's les sabates i els abrics, utilitzar els diferents coberts per menjar, integrar la importància de menjar ben asseguts i no aixecar-se, aprendre a beure amb el got tot sols, ser capaços de notar quan els surten els mocs pel nas i anar a buscar un mocador per eixugar-los, guanyar autoconsciència per anar aconseguint, pas a pas, anar a fer migdiades sense necessitar tanta ajuda, notar els senyals del cos que indiquen gana o son per anar-se regulant...

El joc lliure és la via principal que fan servir els infants per desenvolupar-se de manera integral a La Llavor. Gràcies a la seva capacitat d'escolta interna (innata), saben quan el seu cos està preparat per passar d'una etapa a una altra. Aquest fet és fàcilment observable durant el seu joc, quan sovint busquen nous reptes que els motiven a seguir descobrint les seves habilitats, tot posant-les a prova contínuament, com: l'exploració, l’equilibri, la concentració, l'agilitat, la destresa, la força, la creativitat, la musicalitat, la consciència del cos, la motricitat, la precisió, etc. Tot plegat no només els fa créixer a nivell físic, sinó també a nivell neuronal, espiritual i emocional. 

Aquest ambient de lliure circulació de l'espai i l'oportunitat de buscar amb què vol cada infant ocupar el seu temps, els convida a comunicar-se entre ells i amb nosaltres i, per tant, també desenvolupen noves expressions de la seva cara, incorporen nous gestos (sobretot els més petits) i el llenguatge (a mesura que la parla quan ens anem fent grans). Tot i així, mai perdem de vista que cadascú té el seu propi ritme, però som presents per veure com totes i tots van aconseguint fer-se entendre a la seva manera i amb més claredat. Així, poc a poc, van establint vincles que sovint, van més enllà dels anys de durada de la seva estada a La Llavor.


Però les emocions també tenen un gran paper en el nostre projecte. Dia rere dia, acompanyem als infants ( i de vegades també a les seves famílies) per anar aprenent a identificar-les i gestionar-les millor. D'aquesta manera, propiciem que aquestes nenes i nens tinguin uns adults que els envolten que: saben reconèixer i acceptar les seves emocions, que les acullen sense jutjar-les i els ajuden a posar paraules a allò que els passa i donen una sortida vàlida a totes les emocions.

Tot això va succeint mentre els infants es desenvolupen com a persones i, en aquestes edats, és va formant la seva identitat, diferenciada de la resta de gent. Per aquest motiu, sovint necessiten notar els límits físics i socials, tot descobrint: qui són ells mateixos, que poden prendre decisions i tenir gustos propis. És en aquests instants on, els adults que els envoltem hem de tenir molta paciència per entendre que: aquesta és una etapa natural, que el nostre acompanyament és molt minuciós i vol molta constància cada dia. Però alhora és de vital importància la guia dels adults per retornar a l'infant una bona autoimatge d'ells mateixos, amb la guia necessària per comprendre quins són els límits i normes de la societat, per tal que s'hi puguin desenvolupar sense problemes. A través de l’amor i la comprensió, intentem buscar, cada dia, una millor manera per ajudar-los en aquest procés. 
  

I contents, els infants es retroben al final de la jornada amb les seves famílies. Gràcies a tot l'acompanyament conscient dels adults i a les seves potencialitats, any rere any podem veure com les nenes i nens van creixent en els diferents àmbits de la seva persona. Quan nosaltres i les famílies formem una tribu on recolzar-nos, compatint i establint estratègies comunes, veiem infants que transiten alegres pel seu present, tot fent camí cap al seu futur, amb una motxilla carregada de recursos per poder afrontar el món exterior que els envolta, un cop surtin de La Llavor

dimecres, 20 de desembre de 2017

Temps: quantitat o qualitat???

Avui us volem compartir un article d'Armando Bastida, pare de 3 fills i infermer del servei de pediatria. En ell reflexiona sobre com és el temps que passem amb els nostres fills i filles i quina és la quantitat d'estona que estem amb ell. AL llegir-ho ens ha ressonat molt, ja que compartim la seva mirada en aquest tema. Gaudiu-ne i reflexioneu!!!


Son varias ya las veces que hemos hablado acerca del tiempo de calidad y la cantidad de
tiempo. Son muchas las personas que reclaman una conciliación laboral y familiar real (¡ya!), y sin embargo siguen apareciendo profesionales que se obcecan en decir que no pasa nada si los niños ven poco a sus padres, siempre que el rato que estén juntos sea de calidad.


En este caso se trata de la psicóloga Pilar Toledo, en una noticia que ya tiene unos meses, en la que explicó que es cierto que los niños tienen el tiempo con sus padres racionado, pero que no es algo demasiado relevante porque los niños se caracterizan por su capacidad de adaptación.

No estoy en desacuerdo, porque es cierto que los niños se amoldan a lo que les echen (no tienen otro remedio, son niños y dependen de los adultos), pero no diré que estoy de acuerdo cuando dice que “no es tan importante estar mucho tiempo con los padres como que esos momentos sean de calidad”.

El tiempo que pasas con las personas que quieres no debería medirse en términos de calidad

Muchos profesionales de la materia dicen lo mismo que esta psicóloga, que lo importante no es la cantidad de tiempo, sino la calidad, y yo sigo diciendo que el tiempo no debería medirse en términos de calidad.
Tiempo de calidad se considera ese en el que estás con tu hijo, jugando, contando cuentos, hablando, cantando canciones, comunicándote, etc. y tiempo de no calidad sería si estás haciendo la comida, si estás limpiando, si sales a comprar, si estás viendo la tele mientras tu hijo juega o si estás hablando por teléfono y no le atiendes.

Sin embargo a mí me parece que el teórico tiempo de no calidad también es un tiempo muy válido y con mucho valor. Hay estudios en los que se demuestra que a la hora de valorar el tiempo real que pasan los padres con los hijos no hay demasiadas diferencias entre las madres que trabajan y las madres que no trabajan, porque el tiempo destinado en exclusiva a los hijos es prácticamente el mismo.

Leyéndolos uno llega a pensar que no debe ser tan mala entonces la sociedad en la que vivimos para nuestros hijos porque total, si le dedicas 29 minutos “de calidad” quedándote en casa frente a 21 minutos “de calidad” si trabajas, la diferencia es absurda.

Pero yo creo que todo lo que entra en el saco de los minutos de la paja también son minutos de calidad: llevarte al niño de compras es tiempo de calidad, ayudarte a poner la lavadora es tiempo de calidad, llenar la casa de agua porque te quiere ayudar a fregar es tiempo de calidad, ver a mamá hacer la comida tocando y cortando ingredientes es tiempo de calidad, tener que esperar unos segundos a que mamá acabe de hablar por teléfono es tiempo de calidad… ¿o acaso no se aprende algo haciendo todo ello?

 

La novia que me invitaba a dormir con ella y la que me decía que me fuera

Dejando estudios a un lado, que los hay a favor de pasar mucho tiempo con los hijos y, como habéis visto, a favor de que los padres trabajen, tiraré de sentido común, que a mí al menos es lo que más me acaba convenciendo en asuntos como éste.

Yo conocí a una chica que tenía un piso (es mentira, me lo invento…) con la que compartía muy buenos momentos. Íbamos al cine, a cenar, compartíamos actividades, risas, momentos y juegos. Cuando llegaba la noche la acompañaba hasta la puerta de su casa y siempre me decía que nos volveríamos a ver mañana.
 
Vivía sola y no entendía por qué no me invitaba a pasar. Un día se lo pregunté y me dijo: “pero si sólo vamos a dormir, ¿para qué estar juntos si no nos vamos ni a ver?”. La verdad es que tenía lógica… sólo se trataba de estar juntos en la cama con los ojos cerrados. Como mucho algún abrazo, alguna caricia, pero poco más.

Esta relación se acabó y conocí a otra chica que tenía un piso con la que también compartía muy buenos momentos. Íbamos al cine, a cenar, compartíamos actividades, risas, momentos y juegos. Cuando llegaba la noche la acompañaba hasta la puerta de su casa y a los pocos días de conocernos me invitó a pasar la noche con ella

En un primer momento me dejó sorprendido (“pero si sólo vamos a dormir…”), sin embargo decidí quedarme porque tampoco perdía nada y, aunque lo único que hacíamos era dormir, de vez en cuando se escapaba algún abrazo y alguna caricia, poco más, que resultaron ser muy agradables.

Enseguida me acostumbré a ello. No era tiempo de calidad, no reíamos, no me hablaba, no nos mirábamos a los ojos, pero yo sabía que ella estaba ahí y ella sabía que yo estaba ahí y, lo que es más importante, pese a no estar haciendo ninguna actividad estimulante, pues sólo dormíamos y soñábamos cada uno nuestros propios sueños, ninguno de los dos nos sentíamos solos.

Si alguien le pregunta a un niño dónde prefiere estar, seguro que dirá que prefiere pasar más tiempo con los padres, aunque haya estudios que digan que será más sociable o más listo si sus padres trabajan.
Si alguien le dice que su madre o su padre sólo podrán jugar con él 29 minutos, seguro que dirá lo mismo, porque en el resto del tiempo, aunque no estén haciendo algo juntos, seguro que cae algún beso, alguna caricia, de esas que tanto se agradecen y, lo que es más importante, no estarán mirándose a la cara y jugando a todas horas, pero los dos sabrán que están juntos y no se sentirán solos.

 

Conclusión

Corta y breve: No sé de quién es la culpa. Quizás sea del trabajo, de los políticos, de los horarios, del sistema capitalista(...). Al final me da igual de quién es la culpa. Lo que me importa es que nuestros hijos, esos niños que preferirían estar con nosotros, no pueden estarlo y que encima, que parece recochineo, salgan los “entendidos” a decirnos que eso es algo que no les afecta en nada y que al final es hasta positivo.

Podeu veure l'article original aquí!

dijous, 14 de desembre de 2017

Perquè hauríen de fer migdiada fins els 6 anys?

Avui us volem compartir un article d' Elizabeth Pantley, una popular escriptora sobre temes d'educació i son infantil i dirigeix Better Beginnings, una empresa familiar sobre educació. En ell l'autora posa de manifest la rellevancia de que els infants facin migdidada fins els 6 anys, i en dóna els motius. Però alhora també ens aporta algunes pautes quan els infants ja no volen fer-la!!!
 

Las siestas duran solo unas horas, pero pueden afectar a las veinticuatro horas de la jornada de un niño. Las siestas pueden mejorar el humor de un niño y hacer que sienta menos irritable, reduciendo los episodios de llanto y las rabietas. Los estudios muestran que los niños que echan la siesta a diario enferman menos a menudo, crecen más, y tienen menos probabilidades de ser obesos en la edad adulta. Las siestas mejoran la atención y el desarrollo cerebral. También pueden ayudar a compensar, si alguna noche el niño o niña ha dormido menos horas de lo habitual. Una reducción de solo una hora en el total de horas de sueño puede tener un efecto negativo sobre el niño, limitar su capacidad de estar alerta, su función cerebral, y producirle cansancio e irritación. 


Hay muchas ideas para ayudar a un niño a echar la siesta, pero la solución no va enfocada a la razón por la que ese niño no echa la siesta, ni la mejor idea del mundo funcione en tu caso. No todos los bebés o los niños pequeños rechazan la siesta por el mismo motivo, sino que puede haber cientos de razones diferentes. Antes de que te decidas por una solución, es necesario que comprendas los motivos de tu hijo o hija. Una vez que veas clara la causa por la que tu hijo o hija no echa la siesta, podréis trazar un plan para superar esa resistencia. Aquí tienes algunas razones típicas por las que los niños no echan la siesta, y sugerencias para resolver cada uno de estos problemas:

Problema: Su horario de siestas habitual se le ha quedado pequeño Soluciones: Piensa si ha habido cambios en la vida de tu hijo o hija, en su crecimiento y su desarrollo. ¿Ha aprendido a gatear, ha empezado a comer con cuchara, a ir a la guardería, o le cuida una persona nueva? Cualquier cambio puede afectar a sus patrones de sueño. Observa si muestra signos de cansancio entre las siestas y ajusta su horario para satisfacer sus necesidades.

Problema: El horario de siestas no se ajusta al reloj biológico del bebé Soluciones: El horario de siestas, la hora de ir a dormir por la noche, el horario de comidas, la exposición a la luz y la oscuridad, y la actividad pueden afectar al reloj biológico del niño. Observa el horario cotidiano de tu hijo o hija para asegurarte de que estas cosas ocurren a horas razonables cada día. Ciertas actividades, en momentos inoportunos (como jugar con la luz encendida antes de ir a la cama) pueden afectar al ritmo del niño.

Problema: El horario de siestas es diferente cada día Soluciones: Si durante la semana las siestas, la hora de ir a dormir y la hora de levantarse son las mismas, pero el fin de semana cambian, el bebé o el niño puede sufrir un constante desfase horario. También pueden afectarle otras diferencias, por ejemplo si echa la siesta a una hora determinada en la guardería, y en cambio en casa lo hace a una hora diferente, o si se echa una siesta larga algunos días cuando está en casa, pero cuando estáis fuera solo se echa un sueñecito en el coche, o no duerme nada en absoluto. Fija un posible horario de siestas adecuado para tu hijo o hija y haz lo posible por mantenerlo, con una variación de un máximo de media hora en los horarios que hayas previsto.

Problema: El niño está demasiado cansado a la hora de la siesta Soluciones: Si no atiendes los signos de fatiga de tu hijo o hija, se le puede pasar rápidamente la hora y "pasarse de vueltas", es decir, entrar en ese estado de energía artificial que a menudo viene acompañado de más llanto, más demandas y más rabietas de lo habitual. Si desatiendes los signos tempranos de cansancio y sueño del niño, es probable que le resulte muy difícil relajarse cuando por fin lo lleves a la cama.

Para descubrir los signos de sueño de tu hijo o hija, puede ayudarte observarlo durante la primera hora después de levantarse por la mañana, cuando ha descansado bien. Compara su estado en ese momento y su comportamiento durante la hora que va desde la cena hasta el momento de ir a la cama, cuando la mayoría de los niños muestran signos de fatiga. Observa cómo cambia su comportamiento y su lenguaje corporal cuando se acerca su hora habitual de ir a la cama, comparado con los momentos en que está fresco y alerta. Plantéate como objetivo poner a tu hijo a echar la siesta en cuanto muestre esos signos de fatiga. Un niño cansado se dormirá fácilmente y descansará más y mejor.

Problema: Dependencia de algún tipo de ayuda para dormir Soluciones: Si un niño está acostumbrado a dormirse de una forma determinada, puede que si tratas de ponerlo a echar la siesta en condiciones diferentes no pueda conseguirlo. Para comprender la necesidad de asociación del niño puedes pensar en lo que probablemente te ocurra a ti cuando tienes que dormir en un lugar distinto. Es posible que duermas bien en tu cama, pero te resulte difícil dormir en un hotel, o en otra casa. Para algunos niños, la asociación es tan fuerte que pretender que duerma bajo otras condiciones podría compararse con pedirte que durmieras en una montaña rusa.

Las asociaciones más comunes son tomar el pecho o el biberón para dormir, ser acunado en unos brazos amorosos, o dormir balanceado en una hamaca o una silla de auto. Estos son lugares maravillosos y tranquilizantes para que un niño eche la siesta, pero cuando se convierten en indispensables para dormir es probable que supongan un problema para el padre o la madre que ayuda a dormir al niño. Estas asociaciones suelen ser tan necesarias para que el niño se duerma que superan cualquier otra razón o solución. (...)

Problema: Microsiestas furtivas Soluciones: La primera fase del sueño puede durar sólo cinco minutos y puede reducir la sensación de sueño, justo lo suficiente para desvelarse. Si el niño está cansado y está echado en el sofá o va en el coche, es posible que desconecte y se duerma durante unos minutos. Esta microsiesta no le proporciona al niño los plenos beneficios de una verdadera siesta, pero puede ser suficiente para refrescarlo e impedir que pueda volver a dormirse si luego lo pones a echar una siesta en la cama. 

Para evitar este problema, intenta no poner al niño en un entorno que propicie el sueño, como un trayecto en coche, a una hora en que probablemente lo que necesita es una siesta, a no ser que puedas dejarlo ahí para echar una larga siesta.

Problema: Problemas de salud Soluciones: Si el niño está molesto por cualquier problema de salud, puede que afecte a su sueño. Las alergias y el asma son dos de las enfermedades más comunes en la infancia, y ambas pueden impedir que el niño pueda respirar bien estando tumbado. Los cólicos, el reflujo, las infecciones de oído, la erupción de los dientes son otras molestias que impiden que el niño duerma bien. 

Si tu hijo o hija sufre de cualquier problema médico, echar buenas siestas será especialmente importante para su salud. Si es el caso, te será de gran ayuda ser muy flexible y abierto a cualquier solución que funcione para tu hijo o hija. Deja de lado cualquier idea de que tu hijo o hija debería dormir en un lugar determinado, o de una manera determinada, y abre tu mente a la idea de que cualquier tipo de siesta es mejor que ninguna siesta en absoluto. Al mismo tiempo, habla con varios expertos médicos sobre los problemas de salud de tu hijo o hija, y busca las mejores soluciones para su caso.

Ideas para animar a la siesta
Independientemente del motivo por el que tu hijo o hija no eche la siesta, hay algunos puntos específicos que pueden ser de ayuda para animar a tu hijo o hija a dormir la siesta con regularidad. Ten en mente estos principios básicos:

  • Mantén un horario diario adaptado al reloj interno de tu hijo o hija. Crea un esquema predecible de rutinas diarias, con comidas y horas de sueño aproximadamente a la misma hora.
  • Modifica tu horario de acuerdo con los signos de sueño del niño. No importa lo que diga el reloj: es hora de dormir cuando el niño se queda tranquilo, pierde interés en los juguetes o el juego, se muestra irritable, tiene la mirada perdida, se frota los ojos o las orejas, y, por supuesto, si empieza a bostezar.
  • Piensa en una rutina previa a la siesta para hacer ver a tu hijo o hija que se acerca la hora de la siesta y ayudarle a reducir el ritmo y relajarse.
  • Prepara un lugar para dormir que le resulte acogedor y prepara la escena para el sueño. Ponle al niño ropa cómoda para dormir.
  • Procura que las mañanas sean brillantes y activas, y que la media hora antes de cada siesta sea un momento de calma, luz baja y tranquilidad.
Recuerda que no puedes obligar a un niño a dormir, pero sí que puedes seguir los esquemas básicos de la biología, observar las señales de sueño de tu hijo o hija, y crear un escenario que invite a la relajación y al sueño.

 
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